Mostrando entradas con la etiqueta Heian. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Heian. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de marzo de 2018

Literatura: El libro de la almohada










Al haber realizado una entrada al libro “Genji Monogatari” parece preciso dedicar otro al libro más conocido de una autora que se considera generalmente “su competencia”: Sei Shonagon y su famoso “Libro de la Almohada”
Muy poco conocemos de ella. Sabemos que nació en el año 966 y murió aparentemente en el 1025 o 1192. La fecha exacta de su muerte es objeto de debate, y luego veremos porque.

Su nombre se supone que era Kiyohara Akiko o según otros Kiyohara no Nagiko. Y digo que se supone porque no hay constancia clara de su nombre. Shonagon (少納言) es en realidad un título que se podría traducir como “consejero de tercer rango” dentro de la corte imperial. Básicamente un funcionario de cierto nivel, pero sin llegar a una gran importancia. Estos funcionarios permanecieron durante los periodos Nara y Heian, perdiendo su posición en el Kamakura por la desaparición del poder efectivo por parte del entorno imperial. Era tradición en la corte nombrar a una dama haciendo relación a la posición de su padre o marido. Curiosamente ni su padre ni sus dos maridos conocidos tenían ese rango. Sei proviene del primer kanji del apellido de familia de su padre pronunciado en lectura japonesa.


Su padre fue Kiyohara no Motosuke. Un noble y poeta waka que aparece como uno de los “treinta y seis poetas inmortales” recopilada por Fujiwara no Kintō. Una recopilación de los poetas más famosos de los periodos Asuka, Nara y Heian. También se sabe que fue gobernador de las provincias de Kawachi (al este de Osaka) e Higo (una antigua provincia que se ubicaba en la prefectura de Kumamoto en la isla de Kyūshū.

Se casó con Tachibana no Norimitsu a los 16 años (algo normal en esa época) y tuvo un hijo llamado Norinaga. A los 27 entró a trabajar como dama de compañía en la corte de la emperatriz Fujiwara no Teishi. Una de las esposas del emperador Ichijō. Otra de sus esposas, la emperatriz Fujiwara no Shōshi fue quien tuvo como dama de compañía a Murasaki Shikubu.

Tras terminar su servicio a la emperatriz se divorció y se casó nuevamente con Fujiwara no Muneyo que era gobernador de la provincia de Settsu (hoy en día esa zona engloba buena parte de la ciudad de Osaka y Kobe)  y tuvo una hija.

No se sabe mucho de lo que le ocurrió tras finalizar ese servicio a la emperatriz, no se sabe si se casó más de dos veces y se cree que terminó su vida entrando en el clero haciéndose monja budista.

La competencia que se le atribuya con Murasaki Shikibu solo se asume a partir de algunas entradas del diario de esta, donde hace comentarios un tanto mordaces sobre ella, aunque alabando su habilidad literaria.

Antes de seguir deberíamos de hacer un breve inciso para aclarar algunos puntos. El periodo Heian es un periodo de florecimiento literario, sobre todo por parte de mujeres de la corte imperial. El principal motivo es que esas mujeres tampoco es que tuvieran mucho que hacer, y además ellas usaban el hiragana para escribir, mientras que los hombres debían de hacerlo usando los caracteres kanji que son mucho más complicados de dominar. Las acompañantes de las consortes imperiales competían a menudo en producciones literarias porque los méritos de las autoras eran compartidos por la emperatriz. Pensemos que un emperador con varias esposas implica que todas ellas de un modo u otro compiten para darse mayor importancia.

El libro de Shonagon está muy lejos del volumen y complejidad del de su supuesta competidora, de hecho es lo que se denomina un Zuihitsu (随筆). Esto son escritos de podríamos llamar ensayos sueltos, pensamientos e ideas breves. No hay un hilo conductor entre ellos. Son literalmente un “diario de almohada” que seguramente escribía al final del día anotando sus ideas y reflexiones, y guardaba en la almohada. Estas no son como las que conocemos, sino que eran unos pequeños cajones de madera, a menudo huecos.

El contenido de este libro es de este tipo, e incluye cosas tan peregrinas como cosas que le agradan o desagradan, chismes de la corte y pequeñas reflexiones.

Algo que llama la vista al leerlas es la complejidad de las normas de elegancia de la corte, su exclusividad y rechazo a “la plebe” por así decirlo. Una admiración y fervor incondicional para con su emperatriz. Aunque nos pueda parecer en ocasiones un dechado de esnobismo y clasismo, debemos de leer esas páginas teniendo en cuenta el ambiente en el que vivió la autora. La corte imperial era una diminuta fracción de la población del país, y vivía en un lujo y riqueza inimaginable para el resto del país. Además la vida en la corte incluía la posibilidad para las damas de aventuras con otros hombres, aunque estuvieran casadas. Se cree que Shonagon también participó en estas costumbres y así aparece reflejado de forma discreta en algunas de sus entradas.

El libro circuló durante siglos en forma de copias manuscritas, siendo impreso por primera vez en Japón en el siglo XVII. Lamentablemente se conocen varias versiones y el orden del mismo se ha perdido, siendo el actual una estimación. Como ya he comentado no es una historia con un hilo conductor, sino una recopilación de diferentes temas.

Si es famosa no es por sus recopilaciones, sino por un estilo de prosa extremadamente elegante, limpio y claro que se sigue usando mil años después como ejemplo en algunas escuelas japonesas. Obviamente es difícil reflejar eso en las traducciones.


No es el único caso de “diario de almohada” en la literatura japonesa. Del mismo periodo tenemos al poeta Kamo no Chōmei o al monje Yoshida Kenkō. Shonagon también escribía en la corte poesía waka y uno de sus poemas aparece en la famosa recopilación Ogura Hyakunin Isshu (小倉百人一首).

En Español se suele editar la versión traducida por María Kodama. Una conocida escritora, traductora y profesora de literatura argentina casada con Jorge Luis Borges. Aunque ella nació en Paraguai, aprendió japonés de su padre Yosaburo Kodama.

Autores como Borges u Octavio Paz han alabado esta obra

Ahora bien ¿Pero está bien o qué?

Pues empezaremos diciendo que no es muy larga, y que necesita de una cantidad importante de aclaraciones en el texto. Las costumbres, nombres, títulos y otros elementos de una corte de un país tan lejano, y de un periodo tan antiguo son inevitablemente diferentes y pueden confundir en ocasiones. El libro como ya se ha comentado es más una colección de pequeños ensayos, listas, críticas y reflexiones de una dama del periodo Heian. Tiene un interés indudable para entender un poco mejor la sociedad de ese periodo, aunque quizás decepcione un poco a quienes esperen una historia o hilo conductor.

Para los curiosos, un fragmento:

En la primavera, el amanecer. Su belleza es incomparable cuando a medida que la luz invade las montañas y las enrojece tenuemente sus perfiles, delgadas bandas de nubes violáceas se extienden sobre ellas

   En el verano, las noches. ¡Qué bellas son cuando brilla la luna, cuando en la oscuridad se entrecruzan enjambres de luciérnagas, o cuando son una o dos las que vuelan solitarias con sus luces fugaces; incluso cuando llueve!

   En el otoño, el atardecer. Es hermoso cuando el sol se acerca al contorno de las montañas, y cuando los cuervos regresan a sus nidos, de a dos, de a tres, de a cuatro, pero más encantador aún es ver a los gansos salvajes que vuelan alineados en el cielo distante, y nada comparable al momento en que cae el sol y empieza a oírse el soplo del viento o el canto de los insectos.

   En el invierno, las mañanas temprano. Indescriptíblemente bellas cuando la noche anterior ha nevado, pero también espléndidas cuando todo está cubierto de blanca escarcha. También cuando el frío no llega a ese extremo, pero la mañana es helada, y no deja de ser delicioso ver a los sirvientes ir de prisa encendiendo el fuego y llevando carbón de un lugar a otro.

   Cerca del mediodía, cuando el frío ha disminuido, nadie se preocupa por mantener el fuego de los braseros, y no es muy agradable constatar que lo único que va quedando son blancas cenizas.


miércoles, 14 de marzo de 2018

Literatura: El cuento del cortador de bambú















El “Taketori Mongatari” (竹取物語) es considerado frecuentemente el cuento mas antiguo de Japón, no obstante el primer documento escrito del que tenemos constancia es del siglo XV. Las referencias a este cuento a veces son difíciles de comprobar, pero como su acción transcurre en el periodo Heian que hemos visto recientemente, y es otra de las grandes obras populares de Japón creo que meceré una entrada.

La historia del cortador de bambú, conocida a veces como “El cuento de la princesa Kaguya” nos narra la historia de una modesta pareja de ancianos que viven en el bosque, donde el marido se gana la vida cortando bambú.

Un día ve un tronco de bambú que brilla, y decide cortarlo para ver su interior. Dentro del mismo encuentra una diminuta niña del tamaño de su pulgar. Decide entonces que esa niña es un regalo que le hacen los dioses tras años de rogarles por tener hijos y se la lleva a su casa donde crece rápidamente hasta alcanzar el tamaño de una niña normal. El crecimiento de la niña es constante hasta alcanzar el de una joven de extraordinaria belleza. En el bosque el anciano encuentra otros troncos de bambú con oro y otros tesoros en su interior que le sirven para vivir con el lujo que consideran adecuado para una muchacha de tal belleza.

La niña recibirá el nombre de “Kaguya Hime”  cuyo nombre hace referencia a su deslumbrante belleza. No tardarán diferentes príncipes de la corte en tener noticias de esta muchacha y cinco de ellos acudirán a pedir su mano en matrimonio. No obstante la muchacha no desea casarse, y para evitarlo pide como prueba de su amor a cada uno de los príncipes un objeto mítico imposible de conseguir. A uno le pide el cuenco de Buda, a otro una rama mítica de oro y piedras preciosas, a otro la piel de una rata de fuego, a otro la joya que se supone tiene un dragón y al último una concha de una golondrina. (si, suena raro pero son leyendas de la época). Ninguno de ellos consigue la prueba. Algunos intentan falsificarla, otros lo intentan y fracasan.


Pero las noticias sobre su belleza llegan hasta el palacio imperial, y el mismo emperador le pide matrimonio y que vaya a vivir a palacio. Ella confiesa entonces que no es de origen humano, sino que procede de la luna.

El príncipe insiste, pero ella pronto cae en la tristeza y melancolía. Preguntada por el motivo confiesa que siendo originaria de la luna, debe de volver pronto a ella de nuevo. Sus padres alarmados piden ayuda al emperador, que rodea la casa con soldados para impedir que los habitantes de la luna recuperen a su princesa, pero todo es en vano ya que una luna llena de gran luminosidad ciega a los soldados y hace que no quieran luchar. La princesa desaparece dejando una carta a sus padres despidiéndose de ellos y del emperador, aclarando que aunque no quería irse, debía hacerlo obligada.

Entonces el emperador envía a sus soldados a lo alto de la montaña mas alta de Japón: El monte Fuji (si, es la mas alta del país) para que quemen la carta de la princesa esperando que esta señal llegue a ella.

Años mas tarde, cayó de la luna la capa que le dieron los habitantes de la luna a la princesa, y un monje acudió al emperador para informarle de que la princesa estaba muy enfada por no haberse podido quedar en la tierra, y quería convertir toda la tierra en un lugar como la luna sin tiempo y sumida en la noche eterna. Para evitarlo debían intentar sellar a la princesa para siempre. Para ello el monje usó un espejo de palacio y los cinco objetos que pidió a sus pretendientes. La princesa al saberlo en su furia convirtió al monte Fuji, que hasta entonces era solo una montaña en un volcán (obviamente no, el Fuji siempre ha sido un volcán). Desde entonces se dice que los temblores y erupciones de este volcán se deben a la furia de la princesa.

El cuento en castellano puede encontrarse en algunos formatos, como los que os pongo a continuación




Versión ediciónes Chidori
Versión de ediciones Trotta

Aunque posiblemente es mas conocido en occidente este cuento por la extraordinaria adaptación animada que hizo Isao Takahata en 2013 (en España en el 2016) con el estudio de animación Ghibli (posiblemente uno de los mejores del mundo).

Esta versión es de una belleza prodigiosa, con una animación hecha a mano usando técnicas de acuarela es a nivel técnico un “tour de forcé” impresionante. Con una música extraordinaria del gran compositor Joe Hisaishi nos narra una versión mas corta de este cuento, que finaliza cuando la princesa abandona la tierra.





Esta película de animación es en mi opinión imprescindible para cualquier amante del cine, incluso para quienes consideran a la animación un género menor y en general para cualquier amante de la cultura japonesa. Es muy difícil expresar en palabras lo que se siente al ver esta obra maestra de inmensa sensibilidad y belleza. Aclamada por la crítica a nivel mundial es una de esas obras que “o la has visto o no”. Se pueden verter ríos de tinta (aunque sea electrónica) sobre esta película, pero solo viéndola, su es posible en japonés con subtítulos (y la experiencia vale la pena) se puede entender la belleza de este cuento y la tremenda belleza de esta adaptación. No es una historia con final feliz estilo Disney, es un bellísimo y desgarrador cántico a la libertad, la alegría y también a la tristeza. Quizás no apta para niños pequeños pero si para cualquier adulto de paladar delicado.



Aparte de en esta película, resultaría imposible citar todas las apariciones en uno u otro medio, así como las diferentes adaptaciones que se han hecho sobre esta historia. Su condición de cuento clásico lo convierte en una popular fuente de inspiración. Aparece en varias series populares de animación japonesa, pero también es una fuente de inspiración en occidente donde podemos encontrar una adaptación en la película “Claire” del 2001


https://www.filmaffinity.com/es/film454612.html

Como dato curioso adicional, Japón envió en el año 2007 una sonda a la luna y a esta sonda se le conocía también como “Kaguya”. El nombre se escogió mediante una votación popular


lunes, 12 de marzo de 2018

Literatura: Genji Monogatari













Mencionado ya en la entrada sobre el periodo Heian, la obra del Genji Monogatari (源氏物語) merece una entrada por si misma.

La importancia de esta obra es comparable, por establecer un paralelismo al “Don Quijote” para la literatura en español. Lamentablemente hasta hace no muchos años era prácticamente imposible obtener en el mercado de habla hispana de una edición, y no digamos ya una de calidad de esta obra. Afortunadamente esta situación se ha corregido y disponemos actualmente de varias ediciones, incluyendo una que es una traducción directa del original.


Pero empecemos por la autora. Generalmente se considera que esta obra fue escrita por Murasaki Shikibu (紫 式部  978 DC – 1014 DC). En nuestro idioma esto se traduce como “Dama Murasaki”. Una mujer de la corte imperial del periodo Heian emparentada con la familia Fujiwara que vivió casi toda su vida en la corte imperial. Durante buena parte de su vida esa corte fue regida por el emperador Ichijō Tennō, y durante su reinado se considera que el periodo Heian alcanzó su máximo esplendor. No solo encontramos durante su reinado la obra de Murasaki, sino también la de Sei Shōnagon (清少納言). Otra dama de compañía que escribió otro clásico de la literatura japonesa conocido como “El libro de la almohada”.

Murasaki nació en una familia de literatos. Hija de Fujiwara no Tametoki y nieta del famoso poeta “waka” Fujiwara no Kanesuke que a día de hoy cuenta con muchos lectores interesados en su poesía.  Casada con un noble de su misma clase social tuvo una hija con el nombre de Daini no Sanmi que también se labró una reputación como poetisa. También escribió un diario que se considera igualmente una obra clásica del periodo Heian

Pero fue la obra de Murasaki la que le ganó el favor de la corte e hizo que se convirtiera en una dama de la corte de la emperatriz Fujiwara no Shōshi. Murió en Kyoto en el 1014 y su tumba es a día de hoy un lugar muy visitado 

También hay algunas estatuas dedicadas a la memoria de esta escritora, como la que se encuentra en el templo Ishiyama-dera de la ciudad de Ōtsu, en la ciudad de Fukui, en Uji y la lista sigue


También hay algunas estatuas dedicadas a la memoria de esta escritora, como la que se encuentra en el templo Ishiyama-dera de la ciudad de Ōtsu, en la ciudad de Fukui, en Uji y la lista sigue

La obra en sí misma no tiene título, ni aparece en el mismo el nombre de la autora. De hecho hay controversia acerca de si toda la obra es suya o algunas partes fueron escritas por su hija. Con todo dejaremos esas especulaciones para los expertos y nos centraremos en la obra.


El cuento de Genji es una obra extensa. Las ediciones en español suelen exceder las 1300 páginas y suele aparecer en dos o mas tomos. El original se escribió en japonés clásico usando el silabario hiragana conocido en esa época como “onnade” y eso añade dos complicaciones mas a la traducción. Una es el uso de caracteres ligeramente diferentes a los actuales, o algunos que ya no se usan. El otro problema tiene mas que ver con el idioma japonés en si mismo. La escritura japonesa usa kanas, que son caracteres que simbolizan sonidos de silabas. El castellano usa letras de origen romano y griego, y cada silaba se produce por una combinación de una o mas consonantes con una vocal (o solo vocales). En el kana encontramos las mismas vocales que en el castellano, pero únicamente una consonante suelta que es la “N”. El resto de los sonidos silábicos se crean asignando un carácter a cada uno. Algunos son los mismos con una pequeña marca para diferenciarlos, podéis consultar este enlace para hacernos una idea mas clara:



El japonés escrito usa también ideogramas de origen chino conocidos como kanji. Estos ideogramas tienen varias lecturas, pero además acarrean un significado. Cuando una palabra puede hacer referencia a varias cosas (como en castellano “Banco” que puede ser un asiento o una empresa financiera) lo deducimos por el contexto, mientras que en japonés se distingue por el kanji utilizado. Al estar escrita en kana aparecen a menudo confusiones de este tipo que no siempre son fáciles de distinguir, mas cuando hablamos de una obra ambientada en la corte imperial de hace mas de mil años.

Y es que la obra se escribió para las mujeres de la corte. Un grupo social relativamente pequeño con unos usos y costumbres muy particulares. Su lectura incluso en una traducción directa resulta en ocasiones complicada por el respeto que se tiene al original, donde a menudo se omiten nombres de personajes pasando a identificarlos de forma indirecta. La costumbre de que la nobleza se expresara a menudo mediante citas a poemas famosos  o proverbios tampoco ayuda.

Algunas ediciones que se han basado en traducciones al inglés o Alemán omiten fragmentos de contenido homosexual o sexo bastante explicito, la única versión que conozco que es directa y completa sería la de  Hiroko Izumi  Shimono e Iván Pinto Román del Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa. Las otras dos adaptaciones, la de Ediciones Atalanta y la de Destino se basan en versiones en otros idiomas y contienen adaptaciones para facilitar su lectura y posiblemente censuras contenidas en las versiones en las que se basan. Dejo a elección de cada uno el buscar una u otra.

Pero pasemos a la obra. El cuento de Genji nos narra la historia desde su nacimiento hasta su muerte (y mas allá) de un personaje ficticio de esa corte llamado “Hikaru Genji” o “Genji el resplandeciente”. Un joven noble de la corte y sus diferentes amores con varias mujeres a lo largo de los años. En la novela es un hijo del emperador Kiritsubo con una dama de rango inferior de la corte (la poligamia era común entre la nobleza, así como el tener no solo esposas, sino también concubinas). El joven conocerá y mantendrá relaciones con diferentes mujeres de diferente condición, hasta que insatisfecho por no encontrar a la mujer perfecta adoptará a una niña llamada Murasaki a la que criará para conseguir su ideal. Lamentablemente ella no podrá darle hijos.


La historia pasará desde el Genji niño a adolescente, adulto y pasará a narrarnos sus líos en la corte, su caída en desgracia y exilio y posterior retorno. Una historia que abarca desde su vida hasta su muerte e incluso un poco mas allá. Una obra que incluso con la dificultad ocasional de su lectura por los motivos antes mencionados, y porque está ambientada en una cultura muy diferente a la nuestra atrapa al lector por su fuerza e interés. Antes que desgranar la historia, prefiero centrarme en otros aspectos y dejar a cada uno el descubrir por si mismo esta joya de la literatura universal

Existe en la ciudad Uji al sur de Kyoto un museo dedicado íntegramente a esta obra


Se puso en circulación en el año 2000 una edición de billetes de  2000 yen que en su parte trasera incluye una escena de esta obra con un retrato de la autora en la esquina inferior derecha.

La historia de Genji se ha adaptado en multitud de formatos. Una película de 1951 dirigida por Kôzaburô Yoshimura, otra con el mismo nombre en 1966 dirigida por Kon Ichikawa, y otras mas hasta actualmente en el 2011 con el nombre de Genji Monogatari: Sennen no Nazo. Seguro que me dejo varias en el tintero. También se ha adaptado al manga y a otros formatos. Muchas historias se inspiran directa o indirectamente en este libro.



La pregunta obvia sería ¿Pero me va a gustar el libro?
Bueno, eso es un aspecto personal que me resulta imposible averiguar. A mi me gustó mucho y lo encontré una lectura apasionante no ya por conocer las costumbres y organización de la corte imperial Heian, sino porque además la historia es buena. La trama es interesante y llena de personajes. El príncipe Genji es un romántico a la búsqueda de un ideal y los personajes de la obra son seres humanos que aman y odian. Al margen de su valor como documento histórico lo cierto es que Murasaki se revela como una gran escritora y mejor novelista. Lo importante a veces no es solo la historia que se cuenta, sino el modo en el que se cuenta. Incluso teniendo en cuenta los casi mil años de la historia, y que estamos leyendo una traducción y no el original el libro engancha. Por otro lado no podemos obviar que el ambiente en el que se narra el libro es muy diferente a cualquiera actual y que en ocasiones podemos perdernos entre tanto personaje y mas cuando los nombres de los mismos varían en ocasiones.

En cualquier caso personalmente encuentro el libro apasionante, pero como en todo os recuerdo que esto no es mas que una opinión personal







jueves, 8 de marzo de 2018

Historia: El Periodo Heian















El periodo Heian transcurre entre el año 794 y el 1185 y es un punto de inflexión dentro de la historia de Japón. De una forma un poco grosera, como pudiéramos decir pintando la historia a brochazos podríamos dividir la historia en tres partes. La que precede a Heian que sería el “Japón antiguo”, luego el “Japón feudal” o medieval si os gusta mas, y luego llegaríamos a épocas mas modernas. El periodo Heian es uno de esos puntos donde la historia cambia paulatinamente entre una época y la siguiente.
Este periodo es conocido como una época de gran esplendor. Las artes florecen con la aparición de grandes obras de pintura, literatura, edificaciones y otras expresiones artísticas. La corte imperial alcanza un esplendor sin precedentes y en paralelo se produce un empobrecimiento generalizado en el país. Kyoto será capital imperial durante mas de mil años. Aparecerá esa clase tan conocida en occidente: Los samurái. Todo el refinamiento y elegancia de esa corte, esa paz desaparecerá a su término dejando a Japón sumido en guerras durante siglos. En contraste a lo que vendrá mas tarde, Heian es un periodo de paz como su propio nombre indica (Heian “平安” se traduce literalmente como paz)

La corte imperial en Kyoto se diseñó como la de Nara con una fuerte influencia china en su planificación y arquitectura. Su nombre “京都市” quiere decir literalmente “ciudad capital”. Su nombre ha variado levemente dependiendo de cómo se leía. Además de “Kyo” también fue llamada “Miyako” o “Kyo no Miyako” (sede del palacio imperial) e incluso como Saikyō o “capital del oeste”. Esta ciudad milenaria conserva innumerables restos de este periodo y posteriores. Dicen algunos que toda una vida no basta para conocer esta hermosa ciudad. Tiene mas de 2000 templos, palacios y jardines y a día de hoy tiene 17 ubicaciones que son consideradas patrimonio de la humanidad.

Kyoto no sufrió bombardeos en la segunda guerra mundial y aunque se consideró por parte de los militares como un posible objetivo para la primera bomba atómica, el secretario de defensa Henry Stimson defendió que fuera excluida acudiendo incluso personalmente al presidente Truman para ello. Los motivos no están claros, pero el valor cultural de Kyoto a nivel universal está fuera de toda duda.


Como ocurrió anteriormente, el poder real del emperador seguía siendo puramente nominal. La poderosa familia Fujiwara caso a varias de sus hijas con varios emperadores para asegurarse el poder efectivo. Sucesivas campañas militares completaron casi por completo el dominio sobre la isla de Honsu persiguiendo a los últimos restos de la etnia emishi en el noroeste de la isla y técnicamente todo el país estaba bajo el dominio del emperador (un dominio un tanto limitado en el mejor de los casos).

Claro, una corte de gran esplendor implica mucho dinero, y lamentablemente los Fujiwara y otras familias como los Soga que detentaban el poder centraban su atención en Kyoto y su corte. Los gobernadores de las diferentes provincias tenían una gran autonomía y debían de defender ellos mismos sus dominios. Esto dio origen a una cultura basada en la filosofía del “bushi” que dio origen a la casta samurái. Estos señores debían de contar con el favor de la corte, pero tenían una gran independencia. El país se empobreció paulatinamente a la par que la seguridad de sus ciudadanos lejos de la gran capital decaía. Todo esto llevó finalmente a la aparición de señores que mantuvieron ejércitos privados de samurái (los que sirven) y eventualmente a la decadencia y caída del poder de la corte. La corte constaba de unas cinco mil personas viviendo en lujo frente a una población que se estima en unos cinco millones de personas para esa época. Sobre el año 1000 ni siquiera se emitía moneda y la incompetencia burocrática dejó al país en manos de los diferentes señores feudales.


Pero esto estaba aún por llegar. Mientras tanto la corte floreció en diversas artes. La aparición de los silabarios katakana (basado en kanjis chinos) e hiragana (usado mayoritariamente por mujeres en esa época) permitió por su comparativa sencillez respecto al kanji que la alfabetización fuera mucho mas abundante. Pensemos que aunque a un occidental los kanas les parezcan a menudo “garabatos incomprensibles” son mucho mas sencillos de aprender. A día de hoy los kanas no llegan a 100 para producir los sonidos del idioma japonés (y muchos son variaciones de los mismos y algunas combinaciones). Por el contrario los kanji son literalmente miles. Cualquier persona puede aprender a leer hiragana y katakana en unos días sin demasiado esfuerzo, mientras que dominar los kanji, incluso solo los “oficiales” que son los que teóricamente deben usarse únicamente puede llevarle años. La aparición de los silabarios produjo una explosión cultural que nos ha dejado obras como “El libro de la almohada (枕草子 Makura no Sōshi) de Sei Shōnagon (este nombre posiblemente no sea mas que un título protocolario) que es un diario cotidiano de la vida en la corte. También de esta época es uno de los poemas mas famosos del país: El Iroha que usa todos los kanas del silabario una vez y que durante siglos ha sido usado como ayuda nemotécnica y como orden para los kanas (no se ordenan tradicionalmente como los sonidos occidentales).



Es también de este periodo una de las obras mas famosas de la literatura antigua japonesa: El Genji Monogatari (源氏物語). Considerado por algunos autores como por ejemplo Jorge Luis Borges como la primera novela de la historia. Escrito por Murasaki Shikibu (紫 式部) que podríamos traducir literalmente como “Dama Murasaki” (murasaki quiere decir “púrpura”) y que narra la historia de un “príncipe resplandeciente” en la corte Heian desde su infancia hasta su muerte. Una obra que podríamos comparar en importancia e influencia con “El Quijote” en la lengua española. Obra que debo añadir es de lectura complicada por la costumbre de la época de nombrar a las personas no por un nombre, sino por métodos indirectos como la calle donde tenían su palacio y otras figuras similares. Es una obra que aún con la dificultad que entraña ocasionalmente es tremendamente interesante e ilustra muchas de las particularidades de la cultura de ese periodo.

En esta época se ambienta también uno de los cuentos folklóricos japoneses mas antiguos que se conocen: El cuento del cortador de bambú que muchos conocen como “El cuento de la princesa Kaguya”

En la corte imperial la belleza primaba sobre la honradez. El canon de belleza de la época es muy diferente al actual, y sobre todo en las mujeres era bastante complejo. Las caras debían de ser empolvadas de blanco con polvo de arroz, mejillas y labios en rojo. Cejas pintadas en lo alto de la frente, melenas largas y lustrosas y extrañamente ambos sexos se tintaban los dientes de negro con una mezcla de hierbas y vinagre. Esta costumbre perduró durante siglos y se eliminó casi por completo en el siglo XIX. Actualmente esta costumbre solo aparece actualmente en algunos festivales, en teatro kabuki y en la ceremonia en la que un aprendiz de geisha pasa a tener ese estatus definitivo.



El ropaje de la época tampoco es lo que solemos asociar con el Japón tradicional. La vestidura masculina se inspiraba en buena medida en la china y coreana. Hasta los colores de la ropa estaban reglamentados para diferentes clases. Las mujeres llevaban múltiples capas de ropa, llegando hasta 20 capas lo que supongo debería de limitar bastante su movilidad, pero dado que en la corte las mujeres prácticamente nunca abandonaban sus residencias, y cuando lo hacían era en carruaje cubierto o palanquín tampoco debería de ser tan importante.

Añadamos a todo esto, que las construcciones seguían siendo casi en su totalidad de madera. Suelos de tatami, paredes bastante delgadas y grandes salas con biombos creando las separaciones. Los fuegos eran escasos y limitados por lo general a las cocinas. En invierno esas capas de ropa debían de ser útiles desde luego.

La vida en la corte era muy ceremoniosa. Las relaciones entre personas de sexo opuesto eran bastante limitadas. Las damas no salían casi nunca de palacio, e incluso tras ser presentadas formalmente por lo general se ocultaban tras una celosía o persiana para hablar con sus pretendientes, y siempre con una tercera persona presente. Las cartas eran un elemento importante de comunicación, donde detalles como la tinta, el tipo de papel, la caligrafía con la que se escribían, el perfumado del papel e incluso como se doblaba la carta eran elementos importantes. Es esa época floreció la poesía y era considerado de buena educación hablar haciendo referencia a poemas famosos. Durante esa época se llegó al extremo (narrado en el libro de Genji entre otras fuentes) de considerar el cuerpo humano desnudo como algo desagradable.


En el terreno religioso el budismo siguió adentrándose en Japón. Principalmente de la mano de dos sectas esotéricas: La secta Tiantai que toma su nombre de una cadena montañosa de la provincia china de Zhejiang y por otro lado la secta shingon tendai que tuvo mucha influencia en la corte imperial por su poesía, escultura, caligrafía y otras artes. Esta secta tiene su representación mas importante en el monte Koya que se encuentra en la prefectura de Wakayama al sur de Osaka y es un popular destino turístico. Considerado patrimonio de la humanidad  tiene mas de cien templos de singular belleza. Otro centro de esta secta que ya comentamos anteriormente fue el monte Hiei.

Durante este periodo se inició un corriente pictórica conocida actualmente como Yamato-e. Literalmente eso quiere decir “pintura japonesa” (大和絵). Es común que diferentes estilos en japonés tengan un nombre y la “e” después que no es mas que una de las pronunciaciones del kanji “絵”. Como veremos en su momento hay corrientes como el “Ukyo-e”, “Kara-e” y otras.

Este estilo propio, inspirado en las obras de la dinastía Tang generalmente muestran escenas de la naturaleza o de lugares famosos acompañados de pequeñas descripciones. Generalmente pensados para ser colgados de las paredes (algo que se hace aún hoy en día y se denomina “kakemono”) . También se usaban en biombos o puertas correderas o también en rollos que narraban diferentes historias, a menudo asociadas con poemas waka. Lamentablemente se conservan muy pocos ejemplos de obras de este estilo del periodo Heian, posiblemente porque como partes de un edificio estas eran descartadas con este en su momento. Eran mas una decoración utilitaria durante este periodo aunque esto cambió en parte en los siglos venideros. Algunos ejemplos de este arte pueden verse en museos de todo el mundo, como el Metropolitano de Nueva York.

Resumiendo un poco, este periodo llevó al arte japonés a cumbres nunca vistas anteriormente. Literatura, poesía, pintura y otras artes florecieron al amparo de la corte imperial. Fue un periodo de paz, pero de una paz conseguida a costa de olvidarse del país y dejarlo en manos de los gobernadores, y esto terminaría en un periodo de conflictos que veremos mas adelante.