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martes, 27 de marzo de 2018

Historia: Periodo Kamakura II











Ya os comenté que a medida que nos alejamos de los tiempos remotos y vemos acontecimientos más “modernos” la cantidad de información y documentación aumenta, y que ya no es posible en una entrada más o menos breve condensar todo lo ocurrido en un periodo. Por otro lado tampoco pretendo hacer un resumen concienzudo y detallado de todo lo ocurriendo en un periodo por dos motivos. Uno es que se alargaría innecesariamente, y el otro es que no es el propósito de este blog que no es otro que introducir ayudas al viajero a ese país. En este caso aportándole conocimientos básicos de historia (entre otros campos) para comprender y apreciar mejor lo que se encuentre en sus visitas.

El periodo Kamakura como ya os comenté marca una inflexión en la historia de Japón. Dejamos el periodo de esplendor cultural Heian que seguía unos patrones marcadamente chinos y empiezan a aparecer varios de los elementos e iconos de lo que consideramos a día de hoy el Japón tradicional típico.

Por ejemplo el concepto de samurái “” aplicada a los guerreros aparece un poco antes del periodo Kamakura. Anteriormente se usaba para los criados, y aunque ya existían guerreros con muchas de las características que solemos identificar con los samurái, estos dependían en su mayoría del gobierno imperial.


Con la aparición del shogunato, los guerreros samurái, sus señores feudales y el shogun se convirtieron durante cerca de 700 años en los gobernantes reales del país. Los samurái se convirtieron en una clase social a la que se accedía normalmente por nacimiento y en la que era muy difícil entrar. Ese grupo se convirtió legalmente en una clase social por si misma en el siglo XVII.  La lealtad hacia su señor era absoluta y al contrario de los “cuentos de caballería” que a veces nos obsequia Hollywood, los samurái eran unos guerreros extremadamente eficientes que raramente perdonaban a nadie. Era frecuente que tras la batalla se diera caza a los guerreros que perdían la batalla y se les decapitase sin contemplaciones. Además en contra de lo que aparece frecuentemente, sus armas a menudo consistían en arco y lanza, usando las espadas solo al llegar al cuerpo a cuerpo.

En este periodo fue cuando Minamoto no Yorimasa del clan Minamoto realizó el que se considera generalmente el primer “seppuku” por parte de un samurái, que cometió tras escribir un poema antes de ser capturado. Si fue o no el primero es objeto de discusión, pero sin duda influyó en considerar esta forma de suicidio ritual como algo propio de la casta samurái. Tema que merece una entrada propia en todo caso. En cualquier caso habría que comentar que como ya sabréis algunos, las palabras en japonés escritas con varios caracteres kanji suelen tener dos lecturas: la china y la japonesa. A menudo se han usado erróneamente en occidente pronunciaciones de estas palabras. Un ejemplo típico es el nombre del famoso volcán “Fujiyama” que es completamente erróneo. “Yama” es montaña, y la pronunciación correcta sería en todo caso “Fujisan”. Aquí ocurre algo parecido, para un japonés la palabra correcta para este ritual es “seppuku”, quedando el conocido “harakiri” como una palabra vulgar.

También durante el periodo Kamakura hubo conflictos con el exterior. Nada menos que con Kublai-Kan, el nieto del legendario Genghis Kan que estableció el gran imperio mongol.
Durante el siglo XII, los mongoles llegaron a convertir a invadir Goryeo (un reino que ocupaba la actual península de Corea)

En el 1266 Kublai Khan envió una amable carta a Japón en la que envuelta en mucha floritura se podía leer simplemente que tenían dos opciones: convertirse en un estado vasallo y pagar tributo al Khan o enfrentarse militarmente a ellos. Esta carta no obtuvo una respuesta, y sucesivos intentos de persuadir al shogunato o al emperador no tuvieron tampoco éxito. Finalmente se decidieron por una acción militar.

Sería largo detallar todo lo ocurrido, pero tengamos en cuenta que los mongoles tenían mucha más experiencia militar en organizar grandes ejércitos y contaban con una superioridad tecnológica en forma de mejores armas con mayor alcance. Además sus métodos de batalla carecían de la ceremonia japonesa. Incluso en tiempos tan antiguos los mongoles ya usaban bombas con pólvora. Por decirlo claramente, los japoneses lo tenían mal para rechazar una invasión masiva que estaba mejor preparada para la guerra y que además tenían mejores armas.

Pero las cosas no siempre salen como uno quiere. No solo los guerreros samurái ofrecieron una resistencia mucho mayor a la esperada, además en dos intentos de invasión las flotas mongolas fueron decimadas por un tifón. Este es el origen de la palabra “Kamikaze” () que literalmente quiere decir “viento divino”. Los monjes aparentemente atribuyeron a los dioses estos tifones y a partir de ahí se acuño esta palabra que se popularizó en la segunda guerra mundial cuando se usó para hacer referencia a los pilotos suicidas.

También en el periodo Kamakura se establece de forma más común un fenómeno más antiguo. Además de los “honorables guerreros samurái” se extienden escuelas de un arte diferente, otra forma de hacer la guerra que identificamos mucho con las tradiciones japonesas. El soldado oculto, el espía y asesino de las sombras: El shinobi o como se le conoce generalmente en occidente como “ninja”. Se fundaron durante este periodo unas 25 escuelas diferentes, concentradas sobre todo en las provincias de Iga y Kōga. Estos guerreros tendrán a partir de este momento y en los siglos posteriores un papel mucho más relevante que hasta entonces. Sus artes estarán al servicio de diferentes clanes y aunque considerados por los samurái como poco honorables, no dudarán en los siglos posteriores en hacer uso de sus servicios. Los shinobi serán usados extensamente durante siglos por sus habilidades en la guerra y su declive, como el de los samurái no llegarán hasta siglos más tarde en el shogunato Tokugawa.

Como en los casos anteriores, en el periodo Kamakura floreció algo ya existente y menos conocido en occidente: Los monjes guerreros conocidos como sōhei ( 僧兵 ). Este fenómeno no debe de extrañarnos demasiado, ya que en estos tiempos turbulentos muchos monasterios podían ver visto por los señores feudales como una fuente de ingresos. Varias sectas budistas se convirtieron de un modo u otro en sectas de monjes guerreros, estando entre ellas la ya mencionada anteriormente del monte Hiei.  Varios clanes como los Minamoto o los Taira buscaron su ayuda durante las guerras Gempei. Estos monjes llegaron posteriormente a formar parte del entramado de poder del Japón feudal.

El cambio de una estructura de poder a otra tuvo otras consecuencias. Pasamos de un periodo de centralismo imperial con el poder centrado en la corte y uno donde el shogun controla una serie de señores feudales. Esto tuvo profundas repercusiones también en el mundo de las artes. Tengamos en cuenta que el arte de cada época se crea por lo general para contentar a unos clientes, patronos, mecenas… ya entendéis la idea. Esos ahora son los que detentan el auténtico poder (lo cual incluye el económico). El arte deja de ser tan estilizado y pasa a ser más “marcial” por así decirlo. El arte debe de contentar ahora a unos señores que son tradicionalmente militares. La pintura y escultura se vuelve más realista y menos estilizada. Buena parte de esta se verá reflejada en las imágenes y pinturas de templos budistas, ya que la religión y el poder siempre han estado en Japón cerca uno del otro. También la arquitectura experimenta una pequeña revolución. Durante las revueltas que precedieron a este periodo como las guerras Gempei se destruyeron muchos edificios y en su reconstrucción se aplicaron nuevas técnicas. También se primó el aspecto militar y la defensa sobre las consideraciones de carácter puramente estético. También se hicieron populares en este periodo las “casas de té” que son pequeñas edificaciones aisladas dentro de una propiedad dedicadas exclusivamente a la ceremonia de servir el té. En este periodo el té dejo de ser algo exclusivo de la casa imperial y los templos y se convirtió en un artículo de lujo muy estimado por los señores feudales y la clase samurái en general.

Un ejemplo particularmente interesante de este periodo que puede interesar al viajero sería el templo Sanjūsangen-dō en Kyoto. Construido en 1164 se incendió en el 1249 y fue reconstruido en el 1266. Debe su nombre a las 36 columnas que tiene este templo  y contiene una imagen de (ojo al nombrecito) “Sahasrabhuja-arya-avalokiteśvara” más conocida como “El Kannon de los 1000 brazos”. Esta estatua es de este periodo y se considera un tesoro nacional de Japón. Acompañando a esta estatua hay nada menos que mil más en un tamaño menor esculpidas en madera de cedro japonés (muchas fueron destruidas en el incendio y se repusieron en el siglo XIII).

También podremos ver influencias de este periodo en diferentes jardines, en el periodo Kamakura estos jardines eran frecuentes en los templos, y los monjes sus jardineros. Sobre todo esto ocurrió con la creciente popularidad de la secta Zen del budismo. Entre algunos de estos ejemplos podemos incluir los karesansui (枯山水). Estos jardines también llamados “jardines secos” están compuestos de piedras, grava, musgo y arena. Puede sonar, y perdonarme el chiste “árido” pero son de una particular belleza. El más conocido no es de este periodo sino de uno posterior, y podemos encontrarlo en el templo Ryōan-ji de Kyoto.

No me extiendo más, pero si que quiero avisar al viajero que no hay que confundir el periodo Kamakura con la zona del mismo nombre.  Lo mismo buscas “templos kamakura” pensando en el periodo, y te salen los templos de esa zona (y hay un montón)

A partir de ahora, los diferentes periodos van a sucederse en un entorno feudal, y veremos diferentes cambios. Llegamos a una parte apasionante de su historia en la que aparecen personajes muy conocidos, al menos en Japón.






jueves, 18 de junio de 2015

Los parques















Tokyo tiene una cantidad mas que apreciable de parques, jardines y zonas verdes. Algunas sencillas, otras pequeñas maravillas. Si te gustan los parques o jardines, esta es tu entrada.

Como cualquier gran metrópolis, la existencia de zonas verdes mas o menos grandes es una necesidad. Tokyo no es una excepción en este sentido, pero si que tiene algunas particularidades interesantes que me gustaría comentaros.

En esta ciudad podemos encontrar desde grandes parques con un estilo muy occidental, hasta parques pequeños (algunos de pago) que son joyas de diseño donde el cuidado y perfeccionismo "japonés" llegan a extremos inauditos.

De entrada para que podáis organizaros un poco con información mas concreta os pongo un enlace de la guía oficial de la ciudad


Es algo obvio, pero recordar que el aspecto de los jardines cambia a lo largo de las estaciones. La lista anterior solo incluye los mas grandes y conocidos, hay muchos mas, a menudo asociados a templos.

Voy a comentaros algunos de los mas conocidos.

El Shinjuku Gyoen National Garden (entrada 200 yen)


En grande y os pude llevar varias horas. Tiene diferentes áreas dedicados a diferentes estilos.

El parque de Yoyogi (gratis)



Es un parque mas urbano, con grandes áreas verdes y muy popular los fines de semana. Junto al mismo tenemos el Santuario Meiji que aunque técnicamente no es un jardín, es algo sencillamente mágico. A los pocos minutos de entrar en el mismo nos da la sensación de no estar en el centro de una de las ciudades mas grandes del mundo, sino aislados en medio de un bosque en medio de un silencio sepulcral. Mientras que el parque de Yoyogi es bonito, el santuario Meiji es... majestuoso.

El parque de Ueno (gratis)


Es un área bastante grande, salpicada de museos, templos e incluso el zoo de la ciudad, fuentes, instalaciones deportivas y otros. Destaca especialmente el estanque de Shinobazu  que se llena de lotos junto al templo de la diosa Benten. En esa zona podemos ver carpas de un tamaño mas que considerable.

Los jardines imperiales (gratis)


Esta zona está junto al recinto del palacio imperial, en pleno centro de la ciudad. Es un jardín de estilo japonés con un cuidado exquisito. Os adelanto que este jardín, junto a las puertas es lo único que se puede visitar fácilmente del palacio imperial. Es posible reservar una visita por parte del interior solicitándolo con antelación, pero os aseguro que no vale la pena el esfuerzo (sin contar que la visita esta guiada íntegramente en japonés)

El jardín botánico Koishikawa (400 yen)


Su acceso es un poco mas complicado que los anteriores. Solo interesante si eres botánico aficionado diría yo. Bonito desde luego, pero no algo imprescindible ni mucho menos.

Si te sobra el tiempo, hay otros jardines mas pequeños, muchos de ellos con una pequeña entrada pero que son joyas de increíble belleza, como el Kyū-Shiba-Rikyū Teien cerca de la bahía de Tokyo (entre otros) donde podemos admirar unos jardines cuidados hasta extremos impensables en estas latitudes.

Algunos consejos:

En el caso de que queráis visitar algún jardín, buscar donde están sus entradas con antelación. No es una buena idea simplemente buscar una estación cercana y "buscar" porque en muchos casos hay solo unas pocas entradas muy separadas, y si nos ponemos a buscarla sin haber tenido la precaución de informarnos previamente, lo mismo terminamos rodeando medio parque a pié antes de encontrarla. Igualmente os recomiendo consultar las páginas oficiales para saber los horarios o cualquier otro incidente, ya que en algún caso puede que cierren por mantenimiento o por cualquier otra causa.

Pensar en el calzado. Estos parques típicamente tienen caminos de grava. En algunos hay zonas de césped que pueden pisarse, pero fijaros si se puede o no. Recordar esa "manía japonesa" de que no haya papeleras excepto junto a máquinas de bebidas.

Recordar que como norma general, no se puede fumar en estos jardines fuera de las áreas designadas a tal efecto.

Generalmente, está prohibido dar de comer a palomas, y no digamos ya a los cuervos. Si queréis en algún lugar dar de comer a los gorriones (y en algunos sitios se os pueden poner encima de la mesa) tampoco pasa nada, pero recordar que las palomas y cuervos suelen dar problemas de exceso de población. Que se busquen la vida y la comida.

En ese sentido, Japón sorprende un poco por la cantidad de "bichos" que encontramos. No es raro en cualquier riachuelo en las afueras ver peces en abundancia, patos y otras aves. En Kyoto no es raro ver una garza en la ciudad, en Nara ciervos en los parques, y en cuanto te alejas de las ciudades en los bosques hay fauna de todo tipo.

Si buscáis algo mas "campestre" en el sentido de que sea "bosque de verdad" tenéis alternativas dentro de la ciudad como el valle de Todoroki


O saliendo de la ciudad tenéis incluso zonas de senderismo como el monte Takao


Una zona repleta además de templos dedicados a los demonios Tengu con varias rutas de senderismo, o también el monte Mitake


Pero el tema del senderismo quizás lo podemos dejar para otro día.